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Estructura de capital

Desajuste de plazos: el problema que frena a empresas rentables

Cuando miramos el balance de una empresa, lo primero que comprobamos no es la rentabilidad sino la distancia entre la vida útil de los activos y el plazo de la deuda. Cuando esa distancia se abre, hasta el negocio más rentable se queda por detrás de su propio crecimiento.

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El problema no es la rentabilidad

Una parte importante de las empresas que llegan a nuestra mesa son rentables. La cuenta de resultados es sana, el margen operativo es normal para el sector, la cartera de pedidos está llena. Y sin embargo la caja se tensa a fin de mes, el calendario de pagos se rehace continuamente y las conversaciones con los bancos se vuelven urgentes en lugar de estratégicas.

Detrás de este cuadro hay casi siempre la misma estructura: una inversión con retorno a siete años se ha financiado con deuda que vence a dieciocho meses.

Cómo se forma el desajuste

El proceso suele ser inocente. La empresa hace una inversión de capacidad; como la financiación a largo plazo tarda en cerrarse, se empieza con un crédito de circulante y se dice «luego lo convertimos». La inversión se completa, la conversión no llega. Ese mismo año surge una segunda necesidad y también se resuelve a corto plazo.

Dos o tres años después el balance combina activos de larga vida con deuda corta. La empresa tiene que renovar cada año la misma deuda, y esa renovación, con independencia del tipo de interés, transfiere continuamente el poder de negociación a la otra parte.

Los síntomas

Las señales tempranas son claras: el peso de la deuda corta sobre la deuda total que crece año tras año; el número de bancos que aumenta mientras el límite en cada uno se reduce; avales e hipotecas que no dejan garantías libres; decisiones de inversión que empiezan a tomarse según la posición de caja y no según el calendario de financiación.

Ninguna de estas señales aparece en la cuenta de resultados. Por eso el problema suele detectarse tarde.

La respuesta es una estructura, no un crédito

Lo primero que hay que hacer no es buscar un nuevo crédito, sino elaborar el inventario de deuda y garantías y calcular después la capacidad real de servicio de la deuda. En la mayoría de los casos el total de la deuda existente es soportable; el problema no está en el importe sino en la distribución de plazos.

El montaje correcto suele tener tres pasos: trasladar parte de la deuda corta a una estructura larga con periodo de carencia, simplificar las garantías para liberar colateral y, si hace falta, incorporar fondos propios o un instrumento híbrido.

El resultado de este trabajo no es solo una caja aliviada. Un balance que se ha vuelto legible para los bancos facilita también las siguientes rondas de financiación.

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